Como en una película de ciencia ficción, así llegó; sin previo aviso. El Covid-19 desató un torbellino de emociones. La angustia, el miedo, la tristeza y la ansiedad se desataron, creando una nueva realidad que tomó por sorpresa a todo el mundo.

A casi 3 años del inicio de este gran desequilibrio, el retorno a la presencialidad en el sistema educativo es un hecho, a pesar de los riesgo de contagio, las autoridades han decidido que los niños, niñas y adolescentes puedan ir a las aulas.

Así, los docentes deben estar preparados para afrontar un nuevo reto; enfocar y encaminar las emociones que guardan de los estudiantes en su interior. Es importante entender que la pandemia cambió la forma de ver y sentir la vida.

Es importante realizar un adecuado seguimiento a cada uno de los estudiantes, trabajar conjuntamente con el DECE para determinar la situación emocional con la que retorna al aula de clase.

Una vez determinadas las situaciones por las que hayan atravesado los estudiantes, es momento de iniciar a trabajar en el enfoque general de las emociones necesarias para iniciar el proceso de enseñanza-aprendizaje. Encontrar el equilibrio emocional adecuado es fundamental para alcanzar un aprendizaje exitoso. Priorizar la felicidad, la tranquilidad y la seguridad en el aula es importante. Iniciar el día con una dinámica, con un juego o simplemente con una actividad que aflore emociones positivas, hará que el proceso de enseñanza sea más productivo.

El trabajo más importante del docente en este tiempo, es dibujar y mantener una sonrisa en los labios de sus estudiantes para garantizar un aprendizaje exitoso.

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