Los trastornos de la niñez y adolescencia son trastornos  psicológicos que se dan en la etapa infantil, y que además pueden tener importantes consecuencias en la edad adulta. Desde el nacimiento de un bebé, son los padres quienes más cerca de su desarrollo se encuentra, además del pediatra que mes a mes irá observando su desarrollo físico y motriz. Pero, ¿ qué pasa con su desarrollo intelectual y social?

El principal obstáculo que se encuentra al identificar y/o diagnosticar los trastornos  infantiles es que los niños y niñas no son capaces de identificar cuando sus emociones, o sus acciones están mal, es muy difícil que puedan pedir ayuda. Es por ello que el papel que juegan los padres es fundamental para la identificación de trastornos en la primera infancia.

Estos se pueden desarrollar de forma que el niño o la niña pierde el control sobre sus emociones (trastornos emocionales). De manera que afectan al comportamiento (trastornos de la conducta). Otros comprometen el desarrollo general del niño o la niña (trastornos generalizados del desarrollo).

Los trastornos se clasifican en:

Trastornos emocionales: son aquellos que afectan el control sobre las emociones de niños y niñas.

Trastornos de la conducta: estos trastornos se identifican cuando el niño o niña muestra un patrón continuo de agresión hacia otras personas, o graves violaciones de las reglas y normas sociales en la casa, la escuela y con quienes lo rodean.

Trastornos generalizados del desarrollo: dentro de este grupo se encuentra el trastorno del espectro autista, trastorno de Asperger, trastorno de Rett y trastorno desintegrativo infantil.

Los trastornos de conducta suelen aparecer antes que los trastornos emocionales, una detección temprana  y un abordaje adecuado ayudan al desarrollo integral de quien lo padece, y prevenir en el menor una desadaptación al entorno, un bajo rendimiento y una vulnerabilidad futura.

Por otro lado, aunque los trastornos generalizados del desarrollo, suelen aparecen en la infancia, se suelen mantener hasta la edad adulta, pero con un tratamiento y seguimiento profesional se puede garantizar una vida plena para el niño o niña y su familia. Sea cual sea el tipo de trastorno, si no es detectado a tiempo y no se le da el abordaje correcto, puede interferir negativamente en la vida cotidiana de los niños/as.

Hoy hablaremos exclusivamente  del TEA.

TEA (Trastorno del Espectro Autista)

El trastorno del espectro autista (TEA) es una afección neurológica y de desarrollo que puede identificarse en la niñez y trasciende durante toda la vida. Afecta el desarrollo, el comportamiento y su interacción con otros, su comunicación y su aprendizaje. Este trastorno incluye lo que se conocía como síndrome de Asperger y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado.

La presentación clínica varía mucho, dependiendo de la severidad del caso y de los síntomas o patología asociada. La forma de presentación también se modifica cronológicamente conforme el niño crece y se desarrolla. Pueden asociarse otros síntomas como retardo mental (RM), crisis convulsivas, hiperactividad, distractibilidad, impulsividad, agresividad, rabietas, trastornos del sueño, trastorno obsesivo compulsivo, trastorno del humor. (Severgnin, Alejandra. (2006). Trastornos generalizados del desarrollo. Trastornos del espectro autista)

El trastorno del espectro autista se puede diagnosticar con la aplicación del test CHAT (Checklist for Autism in Toddlers, Baird, 2000), este puede ser aplicado por el pediatra a partir de los 18 meses de edad.

Existen otros tests para evaluación: CARS (Children Autism Rating Scale, Schopler, 1988), ADOS (Autism Diagnostic Observation Schedule, Lord, 1999).

Las dificultades en los niños con TEA comienzan en el primer y segundo año de vida, interfiere con las funciones de comunicación y socialización y afecta los procesos básicos de atención y motivación que son la base del aprendizaje.

Las estrategias de intervención deben ser diseñadas individualmente, de acuerdo al nivel de funcionamiento del individuo, a sus fortalezas y debilidades e integrar todas las áreas en las que presente alteraciones. Se enfatiza el aprendizaje de habilidades comunicacionales, sociales, estimular motivación y disminuir conductas desadaptadas.

Se trabaja en conjunto con la escuela y los padres mediante abordajes estructurados, con método cognitivo conductual, preparando al niño y futuro adulto para integrarse en la comunidad.

El tratamiento farmacológico se utiliza para síntomas asociados, ya que los síntomas característicos del autismo no tienen tratamiento farmacológico específico hasta el momento.

La evolución depende de múltiples factores entre los que se encuentran el inicio temprano del tratamiento, severidad de la sintomatología autista, nivel de organización  y apoyo de la familia.

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No te pierdas la segunda entrega de este tema, abordaremos el TDAH, sus características, y todo lo que necesitas saber.

Referencias Bibliográficas

Severgnin, Alejandra. (2006). Trastornos generalizados del desarrollo. Trastornos del espectro autista. Archivos de Pediatría del Uruguay77(2), 168-170. Recuperado en 20 de octubre de 2021, de http://www.scielo.edu.uy/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1688-12492006000200014&lng=es&tlng=es.

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